Historia Local

La colonización española

Las más antiguas divisiones territoriales de la colonia fueron los pagos, antecedentes antiguos de los partidos, que nacieron a partir de las primeras distribuciones de suertes de estancias. Los pagos eran extensiones de tierra de límites imprecisos a partir de los cuales se fueron dando las primeras mercedes de tierras lo que posibilitó un lento poblamiento de la campaña.
Ya en el siglo XVII se comenzó a llamar a esta parte del territorio bonaerense La Matanza. En el siglo XVIII el pago de La Matanza comprendía un extenso territorio al sudoeste de la ciudad de Buenos Aires. En 1730, se erigieron los curatos de la campaña porteña, entre los cuales figuraba el de La Matanza. Quedó entonces demarcado el territorio del Pago cuyos límites eran: al norte el río Las Conchas (hoy Reconquista), al sur el río Matanza, al oeste el Salado y al este la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo todavía se usaban en los documentos de la época otros nombres para designar a esta parte de la campaña bonaerense como por ejemplo Cañada de Juan Ruiz, Cañada de Oliva, Las Conchas, Merlo y Morón, lo que nos lleva a pensar que aún no existía una identificación certera del lugar con su nombre.
Siguiendo los límites de la organización eclesiástica, se crearon las divisiones judiciales y administrativas con la designación de los Alcaldes de la Santa Hermandad. Después de malogrados intentos por fundar la Alcaldía del pago de La Matanza fue definitivamente autorizada por el virrey Ceballos el 31 de diciembre de 1777 y el 1 de enero de 1778 se designaron las personas para ocupar ese cargo para “los intermedios de Las Conchas y Matanza”, así son nombrados Don Bernabé Casero y Don Juan Manuel Echabarri, “…dividiéndose el territorio por mitad…” Dicha fecha es considerada por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, desde hace 70 años, como la de la creación del partido porque se establece la presencia del Estado Virreinal en el territorio.
Finalmente, en 1784 queda deslindada la jurisdicción de ambos alcaldes, asignándole a uno la Parroquia de Buen Viaje (Morón) y a otro las chacras de Altolaguirre y Arguibel.
Mientras tanto el pago se fue poblando a partir de del reparto de suertes de chacras y estancias, estas tenían frente sobre el río Matanza. Las primeras tenían de 300 a 500 varas de frente y una legua de fondo, y las segundas 3000 varas por 9000 de fondo. Con el tiempo, por la muerte de los antiguos propietarios, el fraccionamiento o la venta las dimensiones de los antiguos terrenos fueron variando.
Las características del pago de La Matanza por aquella época fueron descriptas por distintos cronistas: falta de árboles, campos cubiertos de cardos y la existencia de animales salvajes como ñandúes, zorrinos y perdices. A medida que avanzó la colonización incluyeron en sus descripciones al ganado y las chacras. El territorio estaba escasamente poblado, en el padrón de 1744 se consignan 547 habitantes. En esta época La Matanza era un territorio inseguro, de frontera con el indio y que lentamente se iba extendiendo sobre la pampa.
Luego de la Revolución de Mayo y con la apertura del puerto de Buenos Aires al libre comercio se potenció la riqueza ganadera de la campaña bonaerense que se fue adaptando a las nuevas circunstancias. La posibilidad de exportar cueros, sebo y tasajo, fue un estímulo para que los hacendados bonaerenses intenten optimizar el rendimiento de sus propiedades orientando su producción a los nuevos mercados que se abrían. Consolidando la propiedad privada e instalando saladeros cuya producción se exportaba a los mercados de Brasil y el Caribe. “En 1810 los ingleses, Staple y Mc Neilse, organizan el primer saladero de esta orilla del Río (de la Plata) destinado a elaborar tasajo, cuya producción tenía por destino la exportación. Le sigue uno más importante y organizado, el fundado por la sociedad Rosas, Dorrego y terrero en 1815. En pocos años la industria del saladero se expandió rápidamente y con un concepto moderno de la explotación facilitó la acumulación de grandes fortunas, las más importantes de su época, que influirán en la política nacional durante muchos años. La ganadería se encontraba en plena expansión a partir de las estancias que funcionaban como unidades productiva orientadas al saladero…”
Para la primera década posterior a la Revolución tenemos un documento de gran valor que un padrón de habitantes del partido de la Matanza levantado en 1813, esta fuente fue trabajada por Claudia Contente y nos muestra una radiografía de lo que era La Matanza en aquella época, “… el laboreo de la tierra predominaba en La Matanza sobre la explotación pecuaria, pero son las formas en las que se producía esa explotación que van tomando ahora un carácter más preciso: encontramos pro una parte una pequeña élite (en particular de propietarios) que se destaca por su capacidad de compra de mano de obra, especialmente esclavos, pero también queda de relieve, y esto es lo que nos parece más interesante, una importante masa de pequeños y medianos campesinos que, gracias a la amplia difusión que alcanzaba el arriendo en la zona y basándose particularmente en el trabajo del grupo familiar podía llegar a realizar una cierta acumulación a partir del laboreo de la tierra…” Cabe aclarar aquí que el antiguo partido de La Matanza tenía una superficie de más del doble que el actual, abarcando zonas de los actuales Marcos Paz, Las Heras, Cañuelas y Lobos. El mencionado padrón da un total de 1661 habitantes para Matanza. 

La estancia El Pino

Esta estancia formó parte de las antiguas mercedes reales y sus propietarios se pueden rastrear hasta el siglo XVII, así relata la sucesión de propietarios el canónigo Marcos Ezcurra., descendiente de la familia Ezcurra que fue propietaria de la estancia desde 1852 hasta 1929:
“Como establecimiento de campo, es quizás esta Estancia la más antigua de la Provincia de Buenos Aires, pués su origen se remonta a la época de la conquista del Río de la Plata. En efecto antes de 1620 el Rey de España hizo merced de sus campos al capitán Don Cristóbal de Loyola, de los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires y conquistador de sus tierras a los Indios, en premio de sus buenos servicios y valor en las batallas contra estos, dándole dos leguas de tierra sobre la margen derecha del Río de la Matanza. Más adelante aumentó él sus posesiones con la herencia de su esposa Doña Antonia Navarro, hija del capitán Don Cristóbal Navarro, hombre principal y muy rico con las mercedes recibidas del Rey, desde 1595, como uno de los fundadores de la ciudad de Buenos Aires y de los primeros que la poblaron. Poseía campos de este lado del Riachuelo de los navíos hasta cerca de una legua de la ciudad. Allí había un Molino sobre el Río, plantaciones de viñas y frutales, pastoreo de animales para el consumo, sembrados, negras y negros que los cuidaban, según dicen antiguos documentos de 1647 en que aquél falleció siendo muy anciano, de más de 87 años. Dejó siete hijas todas casadas con hombres principales, entre quiénes repartió su fortuna, consistente en campos y casas en Buenos Aires y Santa Fe”“Los campos del Pino, en 1630 fueron invadidos por el alférez Roque de San Martín y Juan de San Martín, su hijo, atacando la propiedad y haciendo allí poblaciones, de lo cual sobrevino un pleito entre ellos y Cristóbal de Loyola, que dirimido por el corregidor de la ciudad de entonces, Don Alonso Pastor, a favor de Loyola, y confirmado después por el gobernador del Río de la Plata”“Después de los días de Loyola, por los años 1660 pasó a sus descendientes y a fines del siglo XVII y a principios del siguiente estaban en poder de Doña Isabel de Molina y Loyola, señora soltera y muy rica, pues su nombre figura en muchas posesiones y valiosos inventarios. Estos campos eran designados para tales personas en razón de su proximidad a la ciudad, siendo así más fácil administrarlos. Después de ella pasó la propiedad a otros poseedores y a la mitad del siglo XVIII la adquirió Don Felipe de Arguibel”
Arguibel por compra a varios linderos aumenta la superficie de la estancia. A su muerte, la estancia grande comprendía 10000 varas de frente al río Matanza con fondo en la cañada de la Paja (arroyo Morales), esta superficie incluía las 2000 varas de la Recoleta. En 1801, tras la muerte de Felipe de Arguibel, se realiza el inventario de sus bienes, refiriéndose a San Martín, enumera la existencia de “población, capilla, pulpería y varios esclavos”.
La sucesión de Phelipe de Arguibel, el 11 de septiembre de 1803 le vende la estancia a Da. María Mercedes Sarasa, viuda de Don Casimiro Francisco de Necochea y madre de los dos generales de la Independencia de este nombre. Esta Señora se casó en segundas nupcias con Don José María del Pino, hijo del Virrey, y su familia poseyó la Estancia hasta el año 1821; y de aquí el nombre del Pino con que fue conocida.
Hasta el momento no tenemos muchos datos sobre la vida de la estancia en este período, sólo aparece alguna referencia a sus propietarios en el padrón de 1813, mencionado más arriba. En este documento aparecen censados en agosto de 1813 Dn. José María del Pino guipuzcoano de 46 años, los menores Eugenio, María Mercedes y Benito Necochea de 19, 14 y 11 años respectivamente; María Josefa del Pino de 4 años y María Josefa González de 29, todos ellos con el apelativo de Dones y Doñas. Ademas se empadronan ocho esclavos varones mayores, dos de ellos con su esposa y tres esclavos menores. También vivían en la estancia seis peones. Por lo que se observa aquí se repite una constante en la población de la campaña bonaerense de la época, el bajo número de mujeres, sacando los emparentados con el propietario que eventualmente se hallaban en la estancia, sólo se mencionan dos mujeres esposas de esclavos y por lo tanto esclavas. También podemos suponer que esas no eran las únicas personas que vivían en el extenso terreno de la estancia, que podría estar ocupado por agregados o arrendatarios, pero por ahora no tenemos fuentes para corroborar esos datos.

El Partido de la Matanza durante el Rosismo

La batalla de Cepeda en febrero de 1820, marcó el fin de la primera década de gobiernos criollos. La renuncia del Gral. Rondeau y la disolución del Congreso que funcionaba en Buenos Aires desde 1817, marco el fin de los proyectos hegemónicos de grupo centralista y monárquico de Buenos Aires. En ese año Buenos Aires se constituye como provincia autónoma y pacta la paz con los caudillos del litoral: Estanislao López de Santa Fe y Francisco Ramirez de Entre Ríos. Luego de un año 1820 de suma inestabilidad política en la provincia, llegó al poder, apoyado por los hacendados bonaerenses, el Gral. Martín Rodríguez. Fue en esta época en la que un hacendado, comandante de las milicias de campaña, entra de lleno en la vida pública apoyando la instauración del orden que significaba el ascenso al poder del nuevo gobierno. Hablamos de Juan Manuel de Rosas.
Martín Rodríguez, con Bernardino Rivadavia como ministro, emprendió una serie de reformas para modernizar la provincia y terminar con lo que quedaba de las instituciones coloniales.
Una de las reformas dispuestas por Rivadavia, fue la supresión de los cabildos y la instalación de los juzgados de paz, en el marco de una reforma general de la administración de justicia, desde entonces, la creación de un nuevo partido se hallaba asociada al nombramiento de un juez de paz. Por decreto del 28 de diciembre de 1821, se crearon tres departamentos judiciales. El segundo de ellos se situaba entre los ríos Matanza y Areco, y comprendía Morón, Lobos, Pilar, Villa del Luján, Navarro, Guardia de Luján, Capilla del Señor, San Antonio de Areco y el Fortín de ese nombre. Se puede observar, que no se encontraba La Matanza como partido dentro de este departamento, por tal motivo el gobierno decidió por un acuerdo celebrado el 6 de febrero de 1822, que el territorio que comprendía el partido de la Matanza debía agregarse al juez de paz más inmediato a él, este era el juez de paz de Morón. No obstante, se lo vuelve a restablecer en sus antiguos límites el 29 de abril de 1825, por pedido de los vecinos "en donde hacían notar que los intereses económicos de los pobladores de Morón y los suyos diferían, por cuanto ellos eran hacendados y los primeros agricultores". El primer Juez de Paz fue Don Manuel Torres.
Hacia 1820, el territorio de La Matanza abarcaba parte de lo que hoy es la ciudad de Buenos Aires; su límite noroeste era el Camino de Burgos, pero en la zona central, llamada Cañada de la Paja, se confundía con el partido de Morón. Mientras que hacia el sudeste el límite era el río Matanza, al sudoeste no estaba aún muy definido confundiéndose con el partido de Lobos. Tanto desde el punto de vista territorial como administrativo, el partido se hallaba dividido en cuatro cuarteles:
·         El Cuartel primero comprendía “los Tapiales hasta el bañado que divide con el partido de San José de Flores”. Ocupaba los actuales barrios capitalinos de Villa Lugano, Mataderos, Liniers. También las localidades de Villa Celina, Madero, Aldo Bonzi. Tapiales. Tablada. Villa Insuperable, Lomas del Mirador, Ramos Mejía, Ciudadela, San Justo, Villa Luzuriaga, Ciudad Evita y parte de Isidro Casanova.
·         El Cuartel segundo se llamaba el “Alto Redondo”. Se extendía por las actuales localidades de Isidro Casanova, Rafael Castillo, Gregorio de Laferrere y González Catán.
·         El Cuartel tercero comprendía “la Cañada de La Paja hasta tocar el cuartel del Pozo". Se ubicaba en la cuenca del arroyo Morales, que coincide aproximadamente con las localidades de Virrey del Pino y 20 de Junio; también con parte del actual partido de Merlo.
·         El Cuartel cuarto se llamaba “los Pozos” y se extendía “ hasta el deslinde con el partido de Lobos". Las localidades actuales que abarcaba este cuartel correspondían a territorios de los partidos de Marcos Paz, General Las Heras, Cañuelas y Lobos.
Los jueces de paz no sólo ejercían funciones judiciales, sino que eran la mano ejecutora de las órdenes del gobierno de la provincia en el partido. En La Matanza ocuparon este cargo renombrados vecinos como Justo Villegas o José María Ezcurra y Arguibel.
En cuanto al perfil económico para la primera mitad del siglo XIX, La Matanza se basaba en las actividades agropecuarias. En los establecimientos correspondientes a los cuarteles primero y segundo predominaban las llamadas chacras, que se dedicaban principalmente a la actividad agrícola, aunque también se complementaba con la producción ganadera; este perfil productivo se debía a que esos cuarteles se encontraban dentro de las “tierras de pan llevar”, mientras que en los cuarteles tercero y cuarto predominaban los establecimientos de estancia, dedicados a la actividad ganadera y con mayor superficie promedio que las de los anteriormente mencionados.
Sin embargo, en la mayoría los establecimientos productivos del partido había presencia de variedad de ganado, independientemente de la zona en la que estuviera ubicado. La actividad ganadera y agrícola se complementaban, aunque en los cuarteles primero y segundo predominaba el cultivo de los cereales, y en el tercero y cuarto sobresalía la cría de ganado.
Evidentemente la economía era mixta, independientemente de estar ubicadas dentro de los límites de tierras de pan llevar, o fuera de ellos.Muchas estancias poseían cultivos para el autoconsumo y eventualmente para el abasto de la ciudad.
Desde 1830 y asentuando esta tendencia a partir de 1850 observamos algunos cambios sustanciales sobre todo en la actividad ganadera, la cría de ganado vacuno fue desplazada por la del lanar, que será la más importante hasta finalizar el siglo.

De “El Pino” a “San Martín”

En 1821, José María del Pino le vendió la estancia a la sociedad Rosas, Terrero y Cia. El 19 junio de ese mismo año se realizó la mensura del terreno, que estuvo a cargo de Don Franco Mesura. En este documento se detalla la composición del terreno y sus orígenes. Las tierras se reconocen con los nombres de algunos de sus antiguos propietarios, así se habla de tierras que pertenecieron a Felipe de Arguibel, Francisco de Merlo, de Lugones, de la Santa Recoleción, su frente sobre el río Matanza era de 9500 varas (8227 m), mientras que de fondo tenía hacia el Sudoeste 9360 varas (8105,77mtrs) y hacia el Noroeste 6750 varas (5845,5 mtrs). En 1874, tras la muerte delpropietario de aquel entonces, José María Ezcurra, se realizó una nueva mensura que consigna para el terreno 5131 cuadras cuadradas de 150 varas, incluida la Recoleta, o sea un total de 6670 hectáreas.
Hasta 1837, la estancia perteneció a la firma Rosas, Terrero y Compañía, sociedad integrada por Rosas, Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego, ese año la sociedad se divide y Rosas se queda como propietario individual, no sólo de San Martín o El Pino, sino también con El Rosario de Monte y Chacabuco, en la zona exterior del Salado, en el actual partido de Las Flores. Este verdadero complejo productivo fue propiedad del Restaurador hasta 1852. Fue Rosas quien rebautizó la estancia como San Martín haciendo referencia al Libertador, por el cual sentía un particular aprecio.
Las grandes propiedades rurales, estaban divididas en puestos, ubicados generalmente en los bordes del campo para controlar mejor y contener la hacienda, en el caso de San Martín existían seis: San Miguel, San Juan, San Pedro, San Antonio, San Pablo y La Recoleta.
Con Rosas como propietario el edificio principal o casco de la estancia fue ampliado y se le hicieron otros cambios.
“Esta Estancia fue plantada por Rosas de magníficos árboles y montes de toda clase de frutales; tenía además árboles seculares plantados por los primeros pobladores de los cuales aún algunos se conservan (…) La casa databa de los tiempos de Arguibel, refaccionada por Rosas, la Capilla que había era pequeña y dedicada a la Sagrada Familia…”.
Para conocer las características del edificio en la época de Rosas también contamos con un inventario realizado en 1852, con motivo de la expropiación de la estancia por los vencedores de Caseros, en él se describía la situación edilicia, las poblaciones de árboles y haciendas. Este documento redactado por el juez de paz Lino Lagos, tiene pocos datos pero nos permiten tener una idea de la realidad.
“Casa principal se compone de seis piezas con techo de teja deterioradas y dos de media agua en ruyna, pozo y un cuarto y cocina de paja, en el esterior (sic) del cercado cuatro piezas y una cocina de azotea…”También aparece en el inventario alguna referencia a otras instalaciones como “un cercado de zanja en mal estado y otro cerco de palo y algún espinillo, entre todo de cuatrocientos cuarenta y siete postes y estacones y cuatrocientos ochenta y cuatro latas - Un cerco de palo a pique en circunferencia de parte de la casa de estacas de todas maderas”.
En el rubro corrales se consignan “uno de caballos con cuarenta paraísos de postes y ochenta latas = otro para hacienda, con mil quinientos espinillos y doce palmas de trancas= una manga con ciento cincuenta espinillos y noventa latas= veinte y seis lienzas para corral portátil”.
En los puestos también había como viviendas “ranchos” y corralessimilares a los del casco y gran cantidad de ovejas.
Para terminar con este apartado, había una “calle de ombúes de sombra y espinillos”
El uso del alambrado no se generalizó hasta la década de 1860, por lo tanto los limites y los cercados para apartar el ganado o defender los sembrados y las quintas se realizaban con materiales existentes en la región. Por eso se utilizaban “cercos vivos” hechos con especies vegetales como espinillos, cactus o propiamente árboles, como por ejemplo talas, acacias o paraisos. También se cavaban zanjas y se construían corrales de palo a pique, que consistían en estacones clavados en el suelo unidos con tientos de cuero. Además existían cercos de lienzo, o sea tablas, que se usaban para corrales.

Las actividades económicas

De la documentación disponible hasta el momento se puede concluir que las actividades que se desarrollaban en las estancias eran de lo más diversas y tenían que ver con las características del terreno, la cercanía relativa de los mercados y a su vez la articulación con los demás establecimientos del gobernador. Obviamente el destino final de la mayoría de los productos era Buenos Aires, en primer lugar el ganado vacuno que terminaba faenado en el matadero de Palermo. Este ganado vacuno era criado en cantidades modestas en San Martín, que tenía como actividad principal la cría de ovejas, “…aunque también se realizaban invernadas del ganado que llegaba desde las estancias más lejanas, antes de remitirlas al matadero, estas actividades se complementaban con actividades agrícolas, horticultura, maderera y fabricación de ladrillos”.
En una carta que Rosas le dirige al administrador de San Martín, Juan José Becar, hace mención al recuento de cabezas de ganado vacuno que suman 3816 cabezas y 2150 vacas, incluidas las vaquillonas de tres años. Por otra parte en diciembre de 1838 se esquilaron 12949 ovejas.
Con respecto a la fabricación de ladrillos se producían alrededor de 30.000 ladrillos por mes. En 1852 se contabilizaron 300.000 ladrillos, dos posos y dos pisaderos. También para ese año se contaron 10975 ovejas y aproximadamente 2500 vacunos, 1500 yeguarizos y 300 burros.
Los productos derivados de la ganadería que se mandaban a la ciudad consistían en lana, cueros de carnero, cueros vacunos, sebo, aspas y cerda.
Del resumen anterior se desprende que la importancia económica de los derivados de la ganadería ovina superaban ampliamente a los derivados del vacuno y el yeguarizo.
También la documentación consultada hace referencia al envío a la ciudad de otros productos como los frutales, particularmente duraznos, aunque sabemos que la quinta de la estancia estaba poblada con gran varieidad de árboles tanto frutales como para madera:
Durazneros 1300. Peros: 119. Granados, guindos y damascos: 84. Parral de tres hileras. Manzanos 11. Nogales 180. Higueras 72. Naranjos 72. Olivos 360. Paraísos y acacias 4012. Álamos: 475.
Con respecto a la actividad agrícola no tenemos datos concretos, pero aparecen inventariados dos arados uno de bueyes y otro de caballos, además de otros útiles de labranza, por lo que podemos suponer que también se practicaba la agricultura.

El trabajo y los trabajadores

En las estancias bonaerenses el principal trabajo relacionado con la hacienda vacuna y equina, era el aparte, conteo y marcación. La ganadería de la época, caracterizada por una explotación extensiva de los terrenos, requería de frecuentes conteos, que en muchos casos se complicaban por la altura de los biznagales y cardales, que impedían la correcta visualización de los animales, esto se desprende de una carta enviada a Rosas por Becar:
“Sr., el ganado no lo he contado esperando se les caiga las (hojas) a los bisnagales (sic), porque por muy bien que se quiera recoger siempre se nos queda hacienda, hasi (sic) que ya los bisnagales raleen ya los contaré...”
Con la expansión de la cría del ovino aparecen nuevas tareas como la esquila, en la estancia se contrataban peones que se sumaban al plantel estable o mensualizado, en diciembre de 1838 trabajaron doce peones que cobraban $ 8 cada cien ovejas esquiladas, recibiendo un promedio de $ 85 cada uno al mes.
Para reforzar la mano de obra en el aparte y recogida de animales por ejemplo en enero de 1839 se contrataron seis peones a $ 5 por día. En el horno de ladrillos trabajaban un maestro de horno y seis peones, que cobraban $ 60 por mes más una suma según la cantidad de la ladrillos fabricados, por ejemplo el maestro de horno cobró en diciembre de 1838, $ 210.
En cuanto al total del personal, en el padrón de 1836 aparecen censados: como cabeza del establecimiento Don Juan Nepomuceno Terrero, 14 personas blancas, 6 pardos o negros y 19 extranjeros: total 39. En el padrón de 1838 aparece como cabeza del establecimiento el mayordomo, Juan José Becar, además de 26 personas blancas y 2 pardos o negros: total 28. En 1840 también Becar con 33 blancos y 5 pardos o negros: total 38. Lamentablemente por las características propias de estos padrones no poseemos mayores datos de los censados pero podemos darnos una idea de la cantidad de personas que trabajaban en la estancia, en este caso no se incluyen los habitantes de los puestos, que serían empadronados como unidades censales independientes.
En esa época el problema de conseguir mano de obra estable era algo común Por eso desde el estado se instauró una legislación represiva de la vagancia y los propietarios rurales, en muchos casos, debieron pagar salarios mayores para retener a los peones, asimismo para tareas que requerían particulares conocimientos se podía contratar a extranjeros. Al respecto afirma Salvatore “… Rosas había tratado de modificar la composición de la fuerza de trabajo en sus estancias para hacerla más permanente. Cuando su tentativa de retener indios cautivos resultó ilusoria y la compra de esclavos se volvió muy difícil, Rosas contrató muchachos españoles. Estos trabajaban por un salario del que descontaban el costo del pasaje adelantado por Rosas. Hacia 1845 constituían la mitad de los peones en San Martín…”.
En una carta que le envía Dioniso Schoo, el mayordomo de San Martín, a Rosas en diciembre de 1844, hacía referencia a los “peones gallegos” de la estancia calificándolos como desunidos y que “se pelean como perros”, además de no saber montar, de dañarle el lomo a los caballos y romper las herramientas. También en esta misiva le solicita a Rosas que le mande cuatro muchachos jóvenes con montura y una cocinera. Este es el único caso en el que se menciona una mujer entre el personal de la estancia.
El Canónigo Marcos Ezcurra también hacía referencia a los peones gallegos “Rosas tenía muchos peones gallegos únicamente para cuidarlos, sobre todo los naranjos, y largas escaleras para quitarles los bichos de cesto o canastilla”.

La Estancia, personas y personajes

Nuestro partido fue también escenario de las luchas civiles sostenidas entre unitarios y federales. Aquí se deben mencionar la las figuras de Juan Manuel de Rosas y del Gral. Juan Galo Lavalle.
El año 1829 estuvo signado por una crisis política y enfrentamientos militares en la provincia de Buenos Aires y aquellos dos personajes fueron los protagonistas.
El 1° de Diciembre de 1828 en la ciudad de Buenos Aires, se desató una sublevación militar unitaria al mando del General Lavalle contra el gobernador y encargado de las Relaciones Exteriores, de extracción federal Manuel Dorrego, Acorralado, este último escapó hacia Cañuelas buscando el apoyo de Rosas, la ausencia del gobernador fue aprovechada por los sediciosos, quienes en una Asamblea declararon la destitución de Dorrego por abandono del cargo, nombrando a Lavalle como gobernador provisorio de la provincia.
A la sazón, Juan Manuel de Rosas, ejercía el cargo de Comandante General de Campaña y le prestó ayuda militar a Dorrego, pero las fuerzas de este último fueron alcanzadas por el ejército unitario el 13 de Diciembre en Navarro, en ese partido tuvo lugar el lamentable fusilamiento del legítimo gobernador.
La ejecución de Dorrego desató el enfrentamiento armado entre los unitarios de Lavalle y las fuerzas federales comandadas por Rosas y el gobernador de Santa Fe, Estanislao López, quienes contaban con un ejército muy superior en número al de los amotinados.
Ambas fuerzas se enfrentaron el 26 de Abril de 1829, en la batalla de Puente de Márquez en la que salieron victoriosas las huestes federales.
Tras la batalla, el partido de La Matanza cobijó a ambos líderes. Rosas acampó en su estancia San Martín (hoy Museo Histórico Municipal) y Lavalle se refugió en la Chacra de Los Tapiales de Altolaguirre, propiedad de la familia Ramos Mejía.
El 4 de mayo de 1829, Lavalle recibió en esa chacra al Teniente Coronel Juan Manuel Yepes, edecán del gobernador de Santa Fe, quien llegaba con una propuesta de paz.
De este modo, Juan Manuel de Rosas y Juan Lavalle quedaron como únicos interlocutores para lograr la paz en el territorio bonaerense y el partido de la Matanza fue el escenario de las tensiones entre ambos.
La situación era insostenible para Lavalle, quien desde Los Tapiales, inició una política conciliatoria con el jefe federal. El jefe unitario envió representantes para entrevistarse con Rosas, pero el entendimiento no se produjo, por lo que este último invitó a Lavalle a una reunión a solas para lograr un acuerdo. El encuentro se produjo en la estancia San Martín, 16 de Junio de 1829, desde donde luego ambos marcharon a Cañuelas lugar donde firmaron el célebre pacto. Allí en el terreno neutral de la estancia de Miller,”La Caledonia “ trataron mano a mano la paz. El 24 de junio concluyeron el Pacto de Cañuelas. La firma de este acuerdo y los sucesos que le siguen dejaron despejado el camino para que Juan Manuel de Rosas fuera electo gobernador por la Cámara de Representantes de la Provincia, cargo que asumió el 8 de diciembre de 1829.

El país y la provincia después de Caseros

La caída del Restaurador despejó el camino para la organización constitucional de la Confederación Argentina.
Reunidos los gobernadores en San Nicolás firmaron el histórico acuerdo que citaba a un Congreso Constituyente que se celebraría en la ciudad de Santa Fe, pero también concedía a Urquiza módicos poderes hasta que se verificara la sanción de la Carta Magna, además de tocar otros puntos sensibles a los intereses porteños como la cuestión del número de representantes al Congreso y la disposición de los ingresos de la aduana. El gobernador provisorio designado por Urquiza, Vicente López y Planes, propiciaba la firma del Acuerdo, pero otros líderes porteños no soportaban la idea de quedar en pie de igualdad con las provincias menos ricas e “importantes”, además de cuestionar los poderes otorgados a Urquiza, por lo que pronto se alzaron voces opositoras que dieron lugar a “las jornadas de junio” enla Legislatura Porteña que rechazó el Acuerdo. Como consecuencia de lo ocurrido Vicente López presentó su renuncia y fue electo gobernador el presidente de la Legislatura Manuel G. Pinto. Urquiza, que seguía de cerca los hechos, dio un golpe, disolvió la Legislatura y restituyó a Vicente López como gobernador, aunque este al poco tiempo vuelve a renunciar, tras lo cual Urquiza asume el mando personalmente hasta que se marcha a Santa Fe para preparar el congreso, antes de partir impone al Gral. José Miguel Galán como gobernador. En este breve lapso en el que Urquiza se hizo cargo del gobierno porteño, se levantó la confiscación de los bienes de Rosas y su apoderado Juan Nepomuceno Terrero logró vender la estancia San Martín.
La oposición porteña aprovechó la partida de Urquiza hacia Santa Fe para inaugurar el Congreso Constituyente y el 11 de septiembre de 1852 se alzó en armas contra el gobierno de Galán, quien es depuesto.La Revolución fue encabezada por Valentín Alsina y por el Gral. Pirán. El gobierno provisorio de Buenos Aires se constituyó, entonces, con el nombramiento de Valentín Alsina como gobernador. Los objetivos de Alsina eran debilitar a Urquiza y estorbar la reunión del Congreso de Santa Fe. Pero el coronel Hilario Lagos sublevo a la campaña y sitió la ciudad; Alsina tuvo que renunciar, quedando al frente de la provincia el Gral. Pinto, presidente de la Legislatura. Laimposibilidad de sostener el sitio en el tiempo significó la secesión del la provincia de Buenos Aires de la Confederación Argentina.
Poco tiempo después, la Confederación Argentina aprobaba la Constitución Nacional y Buenos Aires se transformaba en estado, dictando su propia constitución el 12 de Abril de 1854.
En mayo de 1854, Pastor Obligado fue electo gobernador constitucional del Estado de Buenos Aires. Por su parte, en la misma época quedaba instalado en Paraná el gobierno de la Confederación Argentina con Urquiza como su presidente.
La supervivencia de la Confederación sin los recursos de la aduana porteña no era viable, por tal motivo la convivencia entre ambos estados estuvo signada por el conflicto y la guerra.
Luego de varios años de conflictos entre los dos estados, en 1859 el Congreso Nacional le ordena a Urquiza la incorporación por la fuerza de la provincia de Buenos Aires. Finalmente las tropas de la Confederación comandadas por Urquiza vencieron a los porteños conducidos por Bartolomé Mitre en la cañada de Cepeda el 23 de octubre de 1859. Tras la derrota Buenos Aires firmó con Urquiza el Pato de San José de Flores, cuya principal cláusula era la incorporación de Buenos Aires a la Confederación.
Sin embargo, los problemas continuaron. La derrota de Cepeda significó para los porteños su sumisión a los designios del interior y no dejaron pasar la oportunidad para revertir esa situación. Ya con Santiago Derqui como presidente, tras algunos conflictos en el interior en los que estuvieron operando políticamente agentes porteños, un nuevo enfrentamiento era inevitable. Es así que el 17 de septiembre de 1861 vuelven a enfrentarse en Pavón, Urquiza abandonó el campo de batalla sin haber sido vencido y Mitre se alzó con la victoria.
Después de Pavón, Derqui renunció a la presidencia y asumió el vicepresidente, pero en diciembre de 1861 renunció y se declaró acéfalo el Poder Ejecutivo. En mayo de 1862 se reunió un nuevo congreso nacional que nombró a Mitre provisoriamente a cargo del país hasta que en 1862 fue elegido presidente. De este modo la provincia de Buenos Aires vuelve a ser protagonista en la conducción y organización del Estado Nacional.
Durante las presidencias de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda se profundizó la organización del estado nacional y la incorporación de la Argentina al mercado mundial como productora de productos primarios de origen agropecuario. El cuero y el tasajo, cedieron su lugar a la lana que se transformó en el principal producto de las exportaciones argentinas.

La Matanza Municipio

La permanencia de los jueces de paz como la principal autoridad política de los partidos bonaerenses se mantuvo hasta 1854. Como dijimos antes, en ese entonces Buenos Aires se hallaba separada del resto de las provincias que formaban La Confederación Argentina y se había constituido en Estado autónomo. En ese contexto se provocó un cambio institucional que afectó la organización política interna de la provincia: fue la sanción de la Ley de Municipalidades de Campaña, el 16 de octubre de 1854. De este modo, se dejaban de lado varias décadas de control centralizado del poder en los partidos por los jueces de paz, los cuales dependían directamente del gobernador, y se restableció el régimen municipal, cuya última expresión habían sido los cabildos suprimidos en 1821. 

Según la mencionada ley
“El régimen económico y administrativo de cada uno de los Partidos de Campaña, estará a cargo de una municipalidad compuesta del Juez de Paz y cuatro propietarios vecinos del distrito – Cada Municipalidad tendrá dos suplentes…”
La Municipalidad de la Matanza quedó constituida por: Lino Lagos, Pedro José Díaz, Pedro José Ezcurra y Juan Ramón Muñoz, como miembros titulares y Antonio Papdorf y Santos Cabrera como suplentes, mientras que el juez de paz y presidente era José Silveyra.
En ese entonces todavía La Matanza no tenía un pueblo cabecera para asiento de las autoridades municipales, por tal motivo habían comenzado desde 1853, tratativas para crearlo, es así que el 25 de diciembre de 1856, sobre tierras que pertenecían a los sucesores de Justo Villegas, se crea el pueblo de San Justo, aunque hasta unos pocos meses antes, el lugar elegido quedaba en el centro del partido en las llamadas “tierras de Carrizo”. Los Villegas donaron los terrenos para la construcción del centro cívico: la plaza, la municipalidad, la escuela, la parroquia y el cementerio.
En 1864 se estableció una nueva división territorial de la provincia y el partido de la Matanza pierde lo que fuera el antiguo cuartel cuarto, que pasó a formar parte de de los partidos de Gral. Las Heras y Merlo. En 1878 su superficie fue nuevamente reducida para formar el partido de Marcos Paz, de esta forma sus límites se van conformando a su superficie actual de 323 Km cuadrados.
La estancia de los Ezcurra
Entre principios de agosto y el 11 de septiembre de 1852, el embargo contra Rosas fue levantado. Su apoderado Juan Nepomuceno Terrero trató de realizar algunos bienes de su poderdante, algo que resultara de fácil venta. Para la estancia San Martín en Matanza sólo encontró como comprador a José María Ezcurra, que poseía una estancia lindera desde 1828. La operación se cerró por el precio de 1500 onzas de oro sellado que fueron entregadas de contado por el comprador.
José María Ezcurra y Arguibel pertenecía a una antigua familia de terratenientes matanceros. Sus padres fueron Don Juan Ignacio Ezcurra y Doña Teodora Arguibel. Casado con Doña Isabel Fuentes tuvo nueve hijos. Durante varios períodos ejerció como juez de paz, además era cuñado de Rosas y nieto del ya nombrado Felipe de Arguibel. En 1825 le compró a su tía Josefa Arguibel de Blanco un terreno de estancia de 1180 cuadras cuadradas de 150 varas (1994 hectáreas) que se llamó La Elvira. Con el tiempo, por compra a algunos de sus vecinos, la superficie se extendió a 1858 cuadras cuadradas (3140 hectáreas). Lindero de la San Martín, la adquisición de la estancia de Rosas significaba para Ezcurra contar con unaextensión de casi 7000 cuadras cuadradas (casi 11830 hectáreas), extensión superior a la totalidad de la superficie de la actual localidad matancera de Virrey del Pino.
En 1861 falleció José María Ezcurra y Arguibel quien en 1857 había redactado su testamento ante el escribano Marcos Agrelo. En 1874 muere su esposa y uno de sus hijos, recién en ese año se abre su testamentaria.
Con respecto al casco de la Estancia San Martín, en 1872 la familia Ezcurra le realizó una ampliación, quedando el edificio con las mismas dimensiones que en la actualidad. Además se agrandaron sus corrales y otras dependencias.
Además de la casa principal, había dos piezas más y una cocina de peones con techo de tejas del país, una caballeriza y un galpón y cochera con techo de zinc, dos cocheras y dos piezas para granero con techo de azotea y por último seis piezas para peones con techo de azotea y corredor al frente, un aljibe y dos pozos de balde.
También tenía una quinta con cientos de árboles frutales y de todo tipo, con una mayor variedad que en tiempos de Rosas: por ejemplo tres montes de durazneros con más de 7000 árboles, 360 olivos, además de nogales, acacias, higueras, naranjos, granados, aromos, etc.
El perímetro de la quinta era de 2449 varas (2120 m o sea 112 has.) y estaba cercado con una zanja y cientos de postes de ñandubay, acacia, paraíso y espinillos. También había tres corrales de postes de ñandubay, paraíso; un corral de ovejas de tres tablas de 250 varas una colgadera de cueros de 43 varas, Además en esta época aparecen los primeros alambrados de ocho hilos, especiales para ovejas y una gallinero para 100 gallinas enrejado con alambre.
En cuanto a los carruajes se consignan un ómnibus para seis caballos, un carro de cuatro ruedas, otro de dos y una carreta de bueyes.
En esta época la capilla se renovó, ya se incluía en el inventario un altar y retablo con una imagen de Cristo en marfil con la cruz de ébano y filigrana de plata. Tenía además de los enceres para la misa, un confesionario y una pila bautismal de mármol.
La estancia seguía dividida en puestos cuyos nombres eran: Santa Isabel, San Teodosio, San Marcos, Las Mercedes, San Pedro, San Gregorio, San Antonio, Santo Tomas y San Mariano. La Recoleta aparece inventariada como estancia. Con sus construcciones, corrales, haciendas y puestos.
Tras la muerte de José María Ezcurra y Arguibel, sus posesiones se dividen entre sus hijos. A Pedro Tomás Ezcurra se le adjudican La Recoleta (lote IV del plano). El casco de la San Martín pasó a Lorenzo Ezcurra (lote II). La estancia La Elvira le tocó a Encarnación Ezcurra de Leguineche (lote I) y a Juan Ignacio el puesto San Mariano (lote III).
Las actividades productivas
La producción de la estancia en esta época se encontraba volcada a la producción ovina, coincidiendo con la tendencia de los mercados demandantes de lana. Solamente en el puesto denominado San Mariano se encuentra inventariada hacienda vacuna que asciende a 3795 cabezas.
Como puede observarse en el gráfico anterior, el 78 % de la existencia de ganado corresponde al ovino, sólo había un 18 % de vacunos y 4 % de equinos, lo que demuestra que la producción de ovejas era la actividad por excelencia en esa época.
Desde 1880 las cosas habían cambiado mucho. El país vivió un período de crecimiento económico, que con altibajos se mantuvo hasta 1930. Tras el fin de la era del lanar, la economía argentina se volcó hacia la producción de cereales y carne, que eran enviados a Europa. La llegada de millones de inmigrantes transformó la tradicional sociedad criolla, surgieron nuevos sectores sociales y también nuevas demandas. Los antiguos terratenientes se transformaron en la nueva oligarquía que contaba su ganado y sus mieses con la mirada puesta en Europa. En 1916 el Régimen político por ellos ideados para perpetuarse en el poder cedía su lugar a otro representativo de los nuevos sectores sociales que habían crecido al amparo de la modernización planeada por la elite dominante.
El año 1930 fue de quiebre, la crisis económica mundial desatada en la bolsa de Nueva York unos meses antes, se extendió por todo el mundo y la dependiente economía argentina la sufrió de lleno. El modelo agrario exportador entró en crisis, los mercados se cerraron y el crédito desapareció.
La incipiente democracia argentina también entro en crisis, el 6 de septiembre de aquel año se produjo el primer golpe militar de la historia, con su correlato de persecución y represión. Junto con los militares la vieja oligarquía volvió al poder y retornó a sus métodos más oscuros el fraude y la corrupción.
La historia del país coincide con la historia de la Estancia. En 1929, fue vendida a Domingo Kairuz. Luego de años de esplendor comenzó su decadencia como establecimiento agropecuario.
El Partido de La Matanza también estaba cambiando, desde 1930 se acentuó la industrialización por sustitución de importaciones, muchas fábricas eligieron la Matanza para establecerse al amparo de una legislación que promovía su instalación, con el tiempo el municipio adquirió un perfil industrial que aún mantiene a pesar de las crisis cíclicas de la economía argentina. La crisis de las economías regionales del interior expulsó de sus lugares de origen a millones de personas que formaron las corrientes migratorias internas que poblaron los alrededores de la ciudad de Buenos Aires. Muchos provincianos eligieron La Matanza para vivir y así crecieron los barrios a la vera dela Ruta Nacional Nº 3. El Partido ofrecía tierra accesible y con facilidades, e industrias que demandaban mano de obra. La población creció y el tejido urbano se extendió por las antiguas zonas rurales. Mezcladas entre las calles y los lotes de diez metros de frente aún se encuentran construcciones pertenecientes a las antiguas estancias y chacras.
Volviendo a la estancia El Pino. En 1946 Kairuz le vendió la antigua casa y 200 hectáreas a la firma Justo Hermanos y Cia. SA, quienes procedieron al fraccionamiento y loteo de los terrenos aledaños.
Pese a su declaración como Monumento Histórico Nacional, dicha firma en 1969 advertía a la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, sobre el deterioro del edificio. Finalmente en 1970 el casco de la antigua estancia y dos hectáreas linderas fue adquirido por la Municipalidad de La Matanza. 

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